Mostrando entradas con la etiqueta Garmendia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Garmendia. Mostrar todas las entradas

sábado, 21 de abril de 2012

Cola de toro. (Garmendia)

Mañana cocinaré cola de toro y he recuperado esta publicación (feria de Abril de Sevilla 2005) del ya fallecido José Antonio Garmendia.

VA POR VD. D. JOSÉ ANTONIO.


http://www.carlosherrera.com/web/noticias1.asp?Id=855

miércoles, 4 de abril de 2012

El Pavía

J. Antonio Garmendia. !De tapa en tapa por Sevilla. Edit. Everest colec. Vive y descubre. 2003 "El Pavía"
La última tapa consignada en el bar Gonzalo, con tratamiento de especial, ha sido el cuscurro y dorado pavía de bacalao Y oportuno será hacer un inciso dedicado a algunas consideraciones sobre la crujiente fritura, cuyo origen es desconocido para el común de sus degustadores.
Sevilla cuenta con todas las ventajas de la mejor despensa natural del mundo que a su disposición ponen las provincias hermanas. ¿Cabe mayor suerte que tener al alcance de la mano los conmovedores langostinos de Sanlúcar de Barrameda, las blancas gambas y los chocos palpitantes de Huelva, los solemnes jamones de Jabugo y Cumbres Mayores o los rotundos espárragos de Córdoba?.
Pues bueno, no es precisamente vecina la materia prima de uno de los platos más representativos de la cocina andaluza. Tal materia proviene mayormente de Escocia, que cae bastante retirada del Guadalquivir. Me refiero, es obvio, al bacalao y a su crujiente versión surculinaria cual es el pavía.
Permítaseme una digresión gramatical. Pavía es vocablo masculino y, por ende, es el artículo masculino el que le incumbe: el pavía, un pavía. La palabra es el resumen apocopado de una corta frase, que determina a la popular fritura: soldadito de Pavía. Por la misma razón, la variedad de pan denominada viena también es masculina. Un viena, que no una viena, es la sustantivación de un pan de Viena, y es Viena, su lugar de procedencia.
Esta es la explicación semántico-culinaria: estando en campaña por tierras andaluzas las tropas del general Pavía, aquél que un día se presentara en el Congreso de los Diputados montando a caballo de aventajados atributos, el intendente comprobó preocupadamente cómo las provisiones de alimento empezaban a escasear. Así se lo hizo saber al cocinero castrense. El único abasto que restaba eran unos cuantos sacos de harina, aceite suficiente, sal y unas pocas ristras de chorizos, Más el agua de los arroyos que por los campos fluían. Y ya está.
Entonces el cocinero, que era un Arzak con uniforme de soldado, añadió a tales ingredientes uno fundamental en todo guiso: imaginación. De forma que con la harina y el agua obró una masa. Ni muy espesa ni muy fluida, que ilustró con trozos de chorizo. Cucharadas de tal masa las frió en abundante aceite hirviendo, y así vinieron al mundo los buñuelos de chorizo. Ocurrió que el sabroso embutido confería a las frituras color bermejo, semejante al de las casacas de los soldados. Los cuales le dieron su nombre, soldadito de Pavía.
Es decir, que el pavía primigenio, que bien se diferencia en su contenido del que hoy se estila y con fruición se consume, fue pavía enchorizado. El pavía actual, el clásico, que no deja de tener una edad, es pavía de bacalao. Aunque también son numerosos los partidarios del pavía de merluza. Tal reconfortante pavía es tapa tradicional en los bares sevillanos, y también forma parte, junto con el pescado, de la curruscante nómina de las freidurías.
El secreto para que un pavía salga orondo como es de menester, y no extendido en forma de tortilla, consiste en que las cucharadas de la masa, a la que hogaño se le incorpora un toque de levadura, no se depositen mansamente en el aceite burbujeante, sino que se viertan mediante un golpe seco, retirando a continuación con la espumadera las mijitas que han quedado esparcidas en el aceite, a consecuencia de la violencia del impacto. Y aquí paz y después gloria.

miércoles, 24 de junio de 2009

Bacalao con tomate



Ingredientes:

1/2 kgs. de bacalao

1 cebolla mediana
3 pimientos verdes
1 lata mediana de tomate triturado
1 lata de tomate frito
2 dientes de ajos
Aceite de oliva


El bacalao se desala (manteniéndolo 12 horas sumergido en agua que se renovará un par de veces)
La cebolla y los pimientos, bien troceados se rehogan en poco aceite. Cuando la cebolla haya tomado color, se añade el bacalao previamente escurrido, despiezado y desespinado, y se deja freir durante tres minutejos aproximadamente. Entonces se suma una lata mediana de tomate triturado.
Se le añade sal con infinitas precauciones -que el bacalao, aun esmeradamente desalado es traidor en ocasiones- y se deja calentar durante cinco minutos. Es entonces cuando se agrega el contenido de otra lata, esta de tomate frito. Ciento veinte segundos de cocción son suficientes.






Y unos minutos antes de finalizar, se incorporan dos dientecillos de ajo finamente picados. Y a comer.





Se sirve en cazuela de barro.
 

(Esta receta se publicó en prensa hace bastantes años, pertenece a J.A. Garmendia.)